jueves, diciembre 14, 2017

Angá Rodolfo: un conmovedor retrato de soledad


La escenografía (intimista, bañada por una luz tenue, minimalista) y la introducción musical (entonada por una voz almibarada) sentaron un preámbulo bastante elocuente de lo que pronto cobraría vida sobre el escenario: un desgarrador retrato de soledad.

Rodolfo (interpretado por Ricardo Torre) entra a escena y se sienta sobre un sillón, en lo que a todas luces pareciera ser sus preparativos para la celebración de la navidad, o mejor dicho, de su navidad, porque como ya mencioné con antelación, Rodolfo viene a relatarnos un particular testimonio de soledad.

A lo largo de este extraordinario unipersonal, Rodolfo, un chico de una provincia que no alcanzo a identificar, nos cuenta los pormenores de su vida, los sentimientos que guarda por una chica que se llama Clara, otras experiencias amorosas que ha sostenido, y aunque se debate entre muchas cosas (dentro de él se multiplican conciencias, perspectivas, posturas, voces), pareciera no ser capaz de escapar de su condición de ermitaño.

Sin embargo, Rodolfo no se queda con los brazos cruzados: escribe y envía cartas, toma su teléfono y hace llamadas. Rodolfo intenta, pero no pued: una inhabilidad que representa lo más patético de su historia.

Sus cartas parecieran no responderse o no llegan, sus llamadas no alcanzan a la gente con la que quiere hablar. Incluso su mascota, a quien le sirve su alimento en un par de ocasiones, pareciera nunca regresar a su casa.

Esta imposibilidad de no encontrar compañía es lo que más fuerza tiene -y mejor se logra- dentro de este dramático unipersonal, uno que es relatado mediante la maravillosa paleta histriónica de Ricardo Torres, quien logra hipnotizarnos, cautivar nuestra atención y remover nuestros sentimientos por más de una hora, astutamente intercalada por pasajes musicales a cargo de la guitarra, ocasionales tambores y dulce voz de Diego Salvatierra, que intensifican -y a ratos atenúan- los momentos fuertes que se desarrollan sobre las tablas.

“La soledad es como una enfermedad, como un olor; en lo que la reconocen nadie se te acerca (...) Mi vida es una porquería a la que nadie se quiere acercar.” Frases como estas quedaron retumbando en mi cabeza mucho después de concluida la obra: líneas que son elocuentes de un texto muy refinado, sentido y profundo. En más de una ocasión, para citar otro ejemplo, Rodolfo recita, más como letanía que como maldición, una tríada de palabras que encapsula como ninguna otra ese sentimiento de reconocerse en una soledad incurable: Mierda, mierda, mierda.

El final de la obra también es muy orgánico, ya que desafortunadamente confirmamos nuestras sospechas iniciales de cómo iba a concluir todo este testimonio de una soledad que pareciera maldecir a nuestro querido protagonista: un padecer que pareciera no tener antídoto.

El texto, la actuación, la música, cada uno de estos elementos logran crear una intimidad en la que habitamos hasta dar con un triste desenlace. Porque hay que estar claros, Angá Rodolfo es una obra triste, muy triste quizá, pero con una belleza lograda con mucho trabajo, talento y con lo que quizá sea aún más importante: con mucho sentimiento.


Angá Rodolfo tendrá su última función del año este lunes 18 de diciembre a las 21.30hs en La Lunares (Humahuaca 4027).

sábado, diciembre 09, 2017

2017: un año en diez álbums


Este año, más que dedicarme a escuchar mucha música, me concentré en escuchar buena música. Me explico: anteriormente creo que confiaba demasiado en la crítica publicada en internet sobre aquellos disco que “tenía” que escuchar, en vez de esos que realmente quería escuchar.

De manera que en 2017 hice un esfuerzo por escuchar discos que me parecieran interesantes, bien sea de artistas que ya conocía o de proyectos nuevos que me entusiasmaran.

Por primera vez en este blog decidí no hacer un ranking de los discos que más me gustaron, sino que decidí resumir el año en diez producciones que disfruté y que ahora recomiendo con entusiasmo. ¡Espero que les gusten!


La Equidistancia - Leandro Fresco & Rafael Anton Irisarri: Nunca pensé que el ambient pudiese ser emocional, pero los temas de esta producción confeccionada a cuatro manos me conmovió hasta las lágrimas. Un trabajo notable, sin duda alguna.

Awaken, my love! - Childish Gambino: Desde la primera vez que escuché esta producción, me fascinó su audacia y su calidad. Música negra que suena a futuro mientras le lanza un obvio guiño a la época dorada del funk.

Suite para piano y pulso velado - Luciano Supervielle: De los talentos musicales más promisorios y destacados de Latinoamérica nos llega este trabajo elegante, refinado y disruptivo. Un álbum que suena a calle, a club y a alma.

The Search for Everything - John Mayer: Pop sutil con cierto tumbao funk, baladas hermosísimas que bordean lo cursi, canciones redondas y conmovedoras, en fin, este álbum destila un desenfado que sólo es posible con talento, atención al detalle y una incipiente madurez.

Sleep well beast - The National: Esta música emana una hermosura leve, como si fuese expulsada por suspiros, por susurros al oído. Este disco suena a consagración, a melodías sentidas pero dominadas.

Painted ruins - Grizzly Bear: las vanguardias tienden a menospreciarse porque se les sospecha que están impulsadas por cierta incertidumbre. Sin embargo, Grizzly Bear ostenta una experimentación en este disco que despliega mucha seguridad. Así suena una banda cuando está absolutamente consciente de lo que puede lograr.

A deeper understanding - The War on Drugs: esta música se hace desde la panza, con sentimiento, como si no pudiese contenerse. Es catarsis maravillosa, que sirve para desahogarte de aquellos sentimientos que quizá te abruman y que hay que soltar. Intenso, este disco es hermosamente intenso.

Melodrama - Lorde: Simpleza, magia, encanto: todos estos son los atributos que conviven en las geniales canciones de Lorde, una auténtica estrella de un pop que rechaza etiquetas pero que contiene maravillas.

Oüi - Camille: la música más creativa que escuché este año fue creada por Camille, una artista vocal maravillosa, cuyo mayor talento quizá sea el de superponer sonoridades con sentimientos.

From A Room: Volume 2 - Chris Stapleton: El talento compositivo de Stapleton es tan excepcional que pareciera ponerle música a sentimientos que ni siquiera sabías que tenías. Sus melodías resuenan con facilidad, entrando en tu interior con el único permiso de una honestidad hermosa.

Mención especial: TCHAIKOVSKY, Symphony No. 6 - Teodor Currentzis & MusicAeterna: La “patética” de Tchaikovsky nunca había sonado tan desgarradora. (Y eso es lo único que hace falta decir respecto a esta extraordinaria grabación.)

viernes, noviembre 24, 2017

Ocho cosas que aprendí trabajando como mesero

Durante los últimos 17 meses trabajé como mesero en un distinguido restaurante en Palermo.

El trabajo fue duro, pero gratificante, ya que aprendí un montón del oficio y, sobre todo, de mí mismo. A continuación les comparto una reflexión enumerada de las tantas cosas que aprendí ejerciendo este noble oficio.

1. La gastronomía es una ofrenda. Ser testigo cercano del esfuerzo, las horas arduas, la atención al detalle y el pulmón que le ponen los cocineros a lo que hacen, me hizo caer en cuenta de que este oficio es, en esencia, una ofrenda: al comensal, al otro. Los cocineros ya contaban con mi respeto, pero trabajar junto a ellos me ganó su admiración.

2. Los valores se enseñan en casa. Cuando venían clientes a comer, bien sea solos, en pareja o con amigos, su comportamiento era acorde al que practicaban cuando venían con sus padres. En otras palabras: si los clientes habían sido un amor, pues los padres también lo eran. Y si por el contrario eran maleducados, pues no se podía esperar otra cosa de sus padres. En conclusión: los valores y principios también se enseñan en la mesa.

3. Nunca conozcas a tus ídolos, o mejor dicho, nunca los atiendas. En el restaurante donde trabajé tuve la oportunidad de atender a artistas que admiro muchísimo. Entre mis recuerdos destacan dos en especial: una escritora que adoro absolutamente que fue con su marido y fue muy amable y gentil conmigo; y un prestigioso productor musical que no daba ni las gracias, ni decía por favor ni nada. (Los nombres me los reservo, pero si me invitan unos vinos a lo mejor se me suelta la lengua y les digo quiénes fueron.)

4. Atender a la gente es una clase maestra en psicología. Mis meses en este oficio me proporcionaron un entendimiento de la condición humana que creo que no hubiese podido obtener en otro cargo. Intuir quién iba a ser problemático o bueno, generoso o pichirre, es una capacidad que gané con el día a día mediante un estudio minucioso de gestos, actitudes y comportamientos. Atender a la gente me ayudó a entenderla.

5. Trabajar de noche es bien jodido: mi turno comenzaba a las 8 de la noche y concluía a eso de las dos de la mañana, lo cual me hizo poner en contacto con gente de la noche: tanto cuando salía del trabajo como cuando tomaba el colectivo en mi vuelta a casa. Lo que dicen de trabajar de noche es verdad: hay mucha joda, mucha fiesta, mucha droga; pero también un montón de gente que le echa bolas para ganarse su pan. Gente que trabaja mientras usted disfruta. A todos ellos, mi empatía y admiración por siempre.

6. Atender a veces es actuar, pero eso no es malo. Si alguna vez van a un sitio y ven que su mesero tiene la mirada perdida, anda distraído, se le olvidó traerles algo, no sean tan duros con ellos. Puede que sea negligencia o mediocridad, no lo descarto, pero a lo mejor a ese mesero le rompieron el corazón ese día, su país se está cayendo a pedazos o se acaba de enterar de que tiene un familiar muy enfermo. ¿Y saben qué es bien difícil?: poner buena cara cuando por dentro estás destrozado. (Un poquito de compasión, por favor.)

7. Los clientes malos te joden, pero los buenos te marcan de por vida: hay clientes maleducados, es verdad, pero son una estricta minoría. (Yo diría que menos de un 10% porque lo calculé.) Te afectan, es verdad, pero nada se compara cuando atiendes a un cliente maravilloso con el que tienes feeling y al que atiendes con auténtico placer. Clientes que quieren saber genuinamente cómo estás, que se preocupan por lo que está pasando tu país y que se despiden dándote un apretón de manos o un beso mientras te desean la mayor de la suerte en tu vida en este país. Los despreciables te perturban, es verdad, pero los lindos te acarician el corazón.

8. Trabajar en cocina te llena de conciencia social: trabajar de mesero me puso en contacto, día a día, con bacheros y asistentes de cocina paraguayos: gente hermosa, buena y trabajadora que ejerce esos oficios porque no cuentan con otros recursos para ganarse su vida. Trabajar junto a ellos me hizo descubrir la problemática de su país de origen y las vicisitudes que atraviesan ellos, sus parejas y familias. Saber de esta realidad me hizo estallar mi burbuja de privilegiado y me mostró una faceta más real de la vida. Su humildad y generosidad me enternecían siempre y todos ellos se han ganado un lugar especial en mi corazón, pues siempre me apoyaron y durante casi año y medio se convirtieron en una especie de familia para mí. Y eso, eso de ganar cariños, para cualquier emigrante, es una verdadera bendición.

viernes, octubre 27, 2017

¿cómo se extraña a una ciudad?



a Nueva York,
por supuesto.

¿cómo se extraña a una ciudad?

¿se le extraña sus calles o caminar sobre ellas?
¿se le extraña el olor a semillas quemadas o el de la lluvia de otoño?

¿se le extraña las chicas que besaste o los besos que les diste?
¿se le extraña su energía o lo que llegaste a crear con ella?

¿se le extraña sus habitantes o las conversaciones que tuviste con ellos?
¿se le extraña sus músicas o los músicos que las tocaban?

¿se le extraña sus comidas o los sitios donde las preparaban?
¿se le extraña sus bares o los tragos que allí te tomabas?

¿se le extraña sus sonidos o los recuerdos que evocan esos ruidos?
¿se le extraña la felicidad que sentiste ahí o sus motivos?

¿qué se extraña cuando se extraña a una ciudad?
¿se le extraña el espacio o los sentimientos?


¿se le extraña algo o se le extraña todo?


¿qué se extraña cuando se extraña a una ciudad?

martes, octubre 17, 2017

Mi bar notable favorito de Buenos Aires


Varela Varelita es mi bar notable favorito de Buenos Aires.

Este recinto se ganó mi corazón un día de verano en el que tuve que buscar asilo en un sitio fresco. Recuerdo que ese día no llevaba mi laptop encima, así que en un arrebato de inspiración llegué a escribir un cuento entero sobre unas servilletas.

Todo lugar que me inspira se gana mi cariño, así que desde ese momento acudo a este bar con frecuencia.

Al sitio siempre concurren escritores, poetas, dramaturgos, bailarines, críticos de cine y teatro, en fin, el lugar exuda bohemia. Es bastante sencillo, sin pretensiones y entre sus pocos adornos destacan algunos afiches de películas.

Allí me reuní para discutir uno de los proyectos creativos que más entusiasmado me tiene en este momento. Allí también le daba clases de inglés a mi alumna favorita.

La estrella de Varela Varelita es Javier: un particular mesero/barista que es un verdadero artista de la espuma del café. Sus ocurrencias son tan geniales que es frecuente escuchar la sorpresa -hasta en forma de alaridos- de la gente a la que le sirve el café.

Un día llegué con una franela de París y me dibujó una torre Eiffel con la bandera de Francia en el fondo, con sus colores y todo. Javier es un tipo bastante genial y bastante amable.

De noche también Varela Varelita tiene mucha onda. Es un sitio perfecto para irse con un pana a hablar de arte mientras te tomas una birra y sonríes, porque la vida también es esto, encontrar un sitio sencillo y humilde donde puedes ser feliz.

sábado, septiembre 09, 2017

Copi en el Cervantes: celebración y repudio


“¿A Copi lo van a montar en el Cervantes? ¿Y en la María Guerrero? ¡Entonces yo tengo que ver eso!” Ésa fue mi reacción al ver un cartel, sobre la Avenida Córdoba, que promocionaba el díptico Eva Perón y El homosexual o la dificultad de expresarse, de Copi, en el Teatro Cervantes.

A mí me ha gustado lo poco que he visto de Copi sobre las tablas: Cachafaz en el Teatro San Martín, extractos de La mujer sentada en el Centro Cultural Rojas. Y también me han fascinado tanto sus múltiples talentos (escritor, dibujante, actor), como su ímpetu de transgredir, provocar, o en definitiva expresar su perspectiva del mundo mediante la controversia.

En lo que buscaba los horarios de las funciones por internet, me enteré de que el papel de Evita sería interpretado por Benjamín Vicuña, un conocido actor de televisión con una presencia notable en las revistas de farándula.

Dicha elección me sorprendió y al mismo tiempo me desconcertó: por un lado, que yo supiera Vicuña no era conocido por sus dones histriónicos sobre las tablas; y por el otro, el escenario del Cervantes no se me correspondía con este tipo de producciones. No tardaría en descubrir que no estaba solo, ya que en cierta parte de la intelectualidad porteña, el casting generó irritabilidad -por decir lo menos.

Para algunos, la directiva del Teatro Cervantes, con Alejandro Tantanian a la cabeza, parecía buscar cierta notoriedad, catalizada por la elección de Vicuña y la polémica propia de la pluma de Copi, que decantara eventualmente en una buena taquilla. Para otros, la indignación venía dada porque un actor, con un talento dramático cuestionable y hasta cierto punto incomprobable, liderara una obra en el único teatro nacional de la Argentina.

En todo caso, la controversia ya estaba servida. Yo debo confesar estas polémicas siempre han llamado mi atención. (Fui a ver a Pinti en El burgués gentilhombre y a Luciano Cáceres en el Macbeth de Javier Daulte, ambos en el Teatro San Martín.) Me da curiosidad no sólo asistir a estas producciones, sino también ser testigo del debate que provocan; y me encanta que en Buenos Aires el teatro tenga tanta importancia en la agenda cultural y, por consecuencia, alimente debates intelectuales interesantísimos.  

De manera que, si mi reacción inicial estaba motivada por el interés de ir a ver a Copi en el Cervantes, mi reacción siguiente estuvo motivada por la curiosidad: a fin de cuentas, ¿qué tal estarían las obras?

El homosexual o la dificultad de expresarse estuvo maravillosa. Cada interpretación  estuvo impecable; la puesta en escena tuvo muy buen ritmo; mientras que la escenografía, el vestuario y el maquillaje fungieron de estupendos complementos para lo que cobró vida sobre el escenario. (Después de admirar la asombrosa actuación de Hernán Franco, me uní al coro de voces que se preguntaba cómo sería Evita interpretada por él.)

Luego vino el entreacto: la idea de que un travesti interpretara extractos de entrevistas de Copi estuvo genial; la implementación: no tanto. Y creo que se debió a fallas que se repitieron en la segunda parte del montaje...

Evita Perón estuvo bien. La interpretación de Vicuña estuvo decente, pero a la obra le faltó ese filo, ese punch tan sui generis de Copi que tan bien logrado estuvo en la primera parte. Ahora bien, yo no le adjudicaría esa falta, al menos en términos absolutos, a la tibia actuación de Vicuña. Yo pondría la culpa sobre la puesta en escena. A Evita le faltó pulso, no entendí ese par de cortes que tuvo; la sentí lenta y por momentos aburrida. Y si esos adjetivos forman parte de un veredicto de algo de Copi, entonces se podría afirmar que la puesta estuvo lejos de ser exitosa.  

¿Cómo salí del Cervantes luego de presenciar todo esto?: contrariado, pues aplaudí algunas cosas y repudié otras. Celebré que el Teatro Cervantes haya logrado, al menos por unos días, insertarse en la discusión de la cultura porteña; celebré que se haya escenificado el talento de Copi en la tarima máxima del teatro nacional argentino. Pero por el otro lado repudié que en efecto el papel de Evita no estuviera interpretado por un auténtico talento dramático (Hernán Franco, para no ir muy lejos); repudié que la única forma que la directiva del Teatro Cervantes haya encontrado para ganar notoriedad, haya sido mediante la elección del actor en cuestión.


En estos días fui al CCK y leí una cita de Edgardo Giménez que decía: “El verdadero arte es el que no te deja ileso.”  Ver ese doble montaje de Copi en el Cervantes no me dejó ileso, pero yo no sé si fue precisamente por el arte que vi sobre las tablas.

jueves, septiembre 07, 2017

Tu cuello

Tu cuello
visto desde atrás
es una columna
que deviene
  con el tiempo
en sinuosidad
y sobre la que corona
  imponente
tu primera cueva.

Pero tu cuello
  también es
un precipicio
de donde dejo caer
mis manos
   hacia tu sur.

A lo largo
de esa caída
  blanca
  tibia
  leve
mis manos van
  palpando
  revelando
tesoros.

Esa caída
es la única
en cuyo centro
uno encuentra gloria.

Y ese centro
también es
  una oportunidad
para dar la vuelta
hacia la otra parte
  tu norte
una oportunidad
para seguir
  descubriéndote
  descubriendo
  tus otros tesoros
y una oportunidad
para empezarlo
para empezarlo todo
de nuevo.